
Una vez habÃa un ermitañu muy vieju que tenÃa unas barbas muy largas y un hábitu de sayal lo mismu que el sayal de los escarpines.
El ermitañu bajaba a los pueblos una vez cada semana a pedir limosna ya regalar a la gente el agua bendita de la pila de la ermita y las ramas de laurel pasás por la frente del santu, que diz que valÃan pa aplacar las malas tentaciones, las angustias y los malos pensamientos.
También regalaba las flores de la malva y la manzanilla y muchas yerbas güenas que nacÃan en el monte onde estaba la ermita.
Un dÃa al levantase, el ermitañu notó que habÃan despedazau el campanariu de la ermita. Otru dÃa encontró rota la paré del pórticu. Otro dÃa, cuando golvÃa de pedir la limosna, vio que habÃan llevau toas las tejas del tejau.
Por la marca de los pies conoció que habÃa sÃu el ojáncanu.
El ermitañu hacÃa tiempu que habÃa encontrau en el monte a una comadreja con una pata partÃa. La cogió, la llevó a la ermita y la curó con toa la paciencia.
Otro dÃa encontró a una raposa casi aterecÃa en la nieve. También la cogió y la llevó a la ermita onde la calentó a la lumbre y la hizo revivir con el calor. Otro dÃa encontró a un lobu casi muertu de hambre, acostau debaju de un árbol sin poder moverse de necesidá. El ermitañu cargó con el lobu en las espaldas y le llevó a la ermita, onde le dio de comer y le quitó la necesidá.
La comadreja, la raposa y el lobo, agradecÃos, se quedaban por la noche en las sus cuevas y por la mañana iban a la ermita y lambÃan los pies y las manos del ermitañu.
Después se iban y golvÃan al atardecer pa golver a lamber las manos y los pies del ermitañu.
Un atardecer cuando la raposa, la comadreja y ellobu llegaron a la ermita, el ermitañu no estaba allÃ.
Por la mañana golvieron y tampocu encontraron al ermita ñu.
Entonces la raposa toa entristecÃa contó a toas las raposas del monte que el ermitañu habÃa desaparecÃu de la ermita.
El lobu también muy entristecÃu se lo contó a toos los lobos. y la comadreja también se lo contó a toas las comadrejas.
Se juntaron tos los lobos, toas las comadrejas y toas las raposas y corrieron por el monte pa buscar al ermitañu.
Al cabu de unos cuantos dÃas una raposa alcontró un peazu de sayal y una sandalia al pie de una lastra.
Cogió la sandalia y el peazu de sayal con los dientes y se lo enseñó a toas las sus compañeras, a tos los lobos ya toas las comadrejas que echaron a correr hacia la lastra onde la raposa habÃa encontrau el peazu de hábitu y la sandalia.
A la parte de allá de la lastra estaba la cueva del ojáncano, y los animales agradecÃos barruntaron que el ermitañu estaba presu en la cueva.
La raposa que habÃa encontrau el peazu de sayal que era la más vieja de toas, se tumbó en la braña que habÃa delante de la lastra, haciéndose la muerta, y lo mismu hicieron toas las sus compañeras, tos los 1obos y toas las comadrejas. Toa la braña estaba sembrá de lobos, de comadrejas y de raposas que paecÃan muertas.
Cuando el ojáncanu abrió la puerta al ser de dÃa y se encontró con tantu animal muertu, se rió con la su risa que paez un rute de truenu y jue cogiendo a los animales y los metió en .la cueva que era muy larga, y muy ancha, y muy oscura. El villanu los metió en la cueva pa que al descomponerse molestaran al pobre ermitañu con el olor .
A un gañÃo que dio la raposa vieja se levantaron tos los lobos, toas las raposas y toas las comadrejas y se echaron tos encima del ojáncanu que creÃa que estaban muertas. Al pocu ratu el ojáncanu estaba muertu en la misma puerta.
Y como el ojáncanu era muy grande y tapaba toa la puerta y no podÃan arrastrale de allÃ, los lobos empezaron a comele hasta que quedó un huecu entre el cuellu y la cintura pa poder pasar.
El ermitañu salió con tos los animales y como no podÃa andar de los malos tratos del ojáncanu, los lobos se ajuntaron en ringlera de derecha a la izquierda y los unos detrás de los otros y el ermitañu se acostó encima de ellos y asà le llevaron hasta la ermita.