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Quiero hacer constar que no soy el autor de este libro. Este libro tiene muchos autores desperdigados en los molinos, en las majadas, en los mercados rurales, en las albarquerías, en las fraguas de las aldeas, en las mieses, en las praderas. Los autores de este libro son unos sencillos compañeros, unos pastores, unos viejecitos, unos niños, unas mozas, unos labradores. Han tocado el rabel polvoriento de sus leyendas y he escuchado sus sones fuertes, débiles, suaves, temblorosos de viejo, de mozo, de niño, de doncella, para dárselos al mundo como un regalo del espíritu antiguo de la raza. Yo nada más que he interpretado, lo más fielmente posible, la imagen, la fantasia, la sencillez, lo hondo y puro de la poesía de sus narraciones, de su léxico y el modismo. Y puesto que ellos son los verdaderos autores de estas páginas, a ellos les dedico el afectuoso esmero, el cariño y el deleite que he sentdo al transcribir lo que me contaron sus voces amables en los seles, en las brañas pastorales, a la sombra de los espinos de las lindes, en los caminitos que van a parar a unas cumbres, a unas ferias, a unos molinos... |
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