
Cuando la moza acabó de llenar el cántaru en el chorru de la juente, empezó a andar hacia la su casa.
A los pocos pasos el cántaru empezó a moverse de un lau a otru. La moza asustá aposó el cántaru, y el cántaru se movÃa en el suelu para arriba y para abajo y de un lau a otru como una peonza.
Al mismu tiempu que se movÃa oyó una vozuca que salÃa del cántaru y que decÃa asÃ:
Asà jueron unas cuantas noches y la piedra sin menease de allÃ.
Entonces el padre de la moza se jue al monte y llamó a un ojáncanu y le dijo que le darÃa su hija si levantaba la piedra pa sacar el tesoru.
El ojáncanu bajó con el hombre a la media noche y levantó la piedra.
En unas arcas de yerru habÃa miles y miles de sortijas, de gargantillas y de barras de oru.
Pocu a pocu el hombre jue sacando aquellas riquezas y el ojáncanu se las llevó a casa.
Después el padre, avariciosu y villanu, llamo a la su hija y la dijo para engañala que ya habÃa levantau la piedra y que se juera con él para traer el tesoru.
La moza se levantó muy contenta y cuando estaban cerca de la juente encontraron a un crio que iba llorando. El ojáncanu estaba escondÃu a la parte de allá de un matorral para llevase a la moza en cuantu el padre le chiflara avisándole.
La muchacha compadecÃa del criu que iba llorando muy desconsolau, le preguntó con muchu cariñu y con mucha lastima que por qué lloraba.
Y el criu le respondió que lloraba porque se le habÃa perdÃu un corderu del rebañu y que venÃa de un pueblu que estaba a dos leguas buscándole.
En esto se sintió balar a un corderu y la moza y el criu echaron a correr muy contentos hacia ónde salÃan los balÃos. Al llegar onde estaba el corderu, el criu le dijo a la moza:
Después de decir estas palabras, el duende se convirtió en una viejucu baju y gordu, con unas barbas largas, muy blancas; y el caballu se convirtió en corderu y después al dale el duende con el bastón en la frente se convirtió en un lobo muy grande.
Porque tos los duendes del monte van acompañados de un lobu que se puede convertir en pájaru grande, en caballu y en otros animales.
La moza agradeció al duende la su salvación y se quedó con él en la su cueva, a onde se entraba por un roble huecu.
A los pocos dÃas la moza sintió qye escarbaban en la tierra, encima de la cueva.
Despertó al duende, que estaba dormÃu, y el duende adivinó que era el ojáncanu que habÃa encontrau el sitio onde se escondÃan.
En aquel istante dio con el bastón un golpe muy suave en la frente de la moza y la moza se convirtió en una oruga. Dio otru golpe al lobu y el lobu también se convirtió en oruga. Y él también quedó convertÃu en oruga
No paraba el ojáncanu de escarbar en la tierra hasta llegar a la cueva del duende.
Con el ojáncanu estaba el padre de la moza. El duende, la moza y el lobu convertÃos en orugas salieron de la cueva.
Después el duende golvió a la cueva, se metió debajo de la tierra y fingÃa la voz como si hablaran un hombre y una mujer.
El ojáncanu no paraba de escarbar, creyendo que debajo de la cueva habÃa otra. Asà abrió un hoyu muy hondu. Entonces el duende se convirtió otra vez en oruga, salió al monte, se convirtió otra vez en un vieju bajucu y gordu, con las barbas muy largas y muy blancas, se asomó a la orilla del hoyu que abrió el ojáncanu y empezó a reirse con toa la juerza. Se dió él mismu con el bastón en la frente y se convirtió en un gigante con unas manos grandÃsimas.
Y sin parar de reirse jue echando la tierra en el hoyu y allà quedaron sepultados el ojáncanu y el padre maldecÃu de la moza.